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Elisabet Suau: “Hay que comunicar mucho mejor los beneficios reales de la rehabilitación: ahorro en la factura, más confort, viviendas más sanas, mayor valor del inmueble y tranquilidad a largo plazo”

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Elisabet Suau, Directora Técnica del Grupo HDF

¿Cuál es su opinión sobre el momento que vive el sector de la rehabilitación, la reforma y las instalaciones? ¿Es optimista sobre el desarrollo del mercado en 2026?
Nuestro sector está atravesando uno de esos momentos que te ponen a prueba y, al mismo tiempo, te recuerdan por qué elegiste estar aquí. No ha sido un camino cómodo. Venimos de años intensos, con normas que cambian casi sin avisar, costes que aprietan, dificultad para encontrar profesionales y una tecnología que avanza más rápido de lo que muchas veces podemos asimilar. Ha habido cambios, dudas y reajustes. Pero también ha habido algo muy poderoso: una capacidad enorme para adaptarse y seguir adelante.

Hoy el trabajo ya no se mide solo en metros cuadrados reformados o equipos instalados. Se mide en hogares más confortables, en edificios que consumen menos, equipos más conectados, en espacios más sanos y en personas que viven mejor. Hablamos de eficiencia energética, de descarbonización, de transformación y de bienestar. Y cuando entiendes que detrás de cada proyecto hay familias, negocios y vidas cotidianas, el oficio cambia de dimensión. Exige más, sí, pero también dignifica profundamente.

Mirando a 2026, soy prudente, pero optimista. Con los pies en el suelo. Vendrán ajustes, procesos de consolidación y momentos de incertidumbre, como siempre ocurre cuando un sector madura. Pero los pilares están ahí: un parque inmobiliario que necesita renovarse con urgencia, objetivos climáticos claros en Europa y un cliente que ya no se conforma, que pregunta, compara y exige calidad.

Creo que crecerán quienes entiendan que el futuro no va solo de vender más barato, sino de hacerlo mejor: profesionalizarse, formar equipos, comunicar con honestidad y cuidar el servicio como parte esencial del producto. Si ese es el camino, este sector no solo tiene futuro. Tiene la oportunidad de ganar prestigio, atraer talento joven y ocupar, por fin, el lugar protagonista que merece en la economía real.

Y eso, sinceramente, es una magnífica noticia.

Seguimos lejos de los objetivos que plantea la EPBD en la tasa de renovación y rehabilitación del parque edificado. ¿Cuáles son los factores necesarios para que el sector despegue definitivamente?
Es verdad, todavía estamos lejos de donde deberíamos estar, y no por falta de voluntad del sector. Muchas veces el freno no está en las empresas ni en los profesionales, sino en todo lo que rodea al proceso de rehabilitar una vivienda o un edificio: la complejidad, la incertidumbre y el miedo a equivocarse.

Además, el nuevo marco europeo eleva aún más el listón. La Directiva (UE) 2024/1275 marca objetivos más ambiciosos, fija calendarios para mejorar los edificios con peor calificación energética y apuesta claramente por la electrificación, las energías renovables y sistemas eficientes como las bombas de calor, con un horizonte muy claro: edificios de cero emisiones. Digamos que el rumbo está definido, ahora el reto es convertirlo en realidad cotidiana.

Para que el sector despegue de verdad hacen falta varias cosas muy concretas. La primera, estabilidad y simplicidad normativa. Hoy, muchos ciudadanos y comunidades de vecinos se sienten perdidos entre ayudas, requisitos, certificados y plazos. Y cuando algo se vuelve demasiado complejo, se pospone… o directamente se abandona.

También es fundamental que la rehabilitación se perciba como lo que realmente es: una inversión, no un problema. Hay que comunicar mucho mejor sus beneficios reales: ahorro en la factura, más confort, viviendas más sanas, mayor valor del inmueble y tranquilidad a largo plazo. Cuando esto se entiende, la decisión deja de dar miedo.

Otro pilar imprescindible es el talento. Necesitamos atraer a jóvenes, formar bien y dignificar aún más los oficios técnicos. Sin instaladores, proyectistas y profesionales cualificados no hay transición energética posible, por muchos planes que existan sobre el papel.

Y, por último, colaboración. Entre administraciones, empresas, entidades financieras y usuarios finales. La rehabilitación no debería vivirse como una carrera de obstáculos, sino como un proceso acompañado: alguien que te explique, te guíe, te dé confianza y te lo ponga fácil.

En resumen, si conseguimos unir todo esto: claridad, comunicación, talento y cooperación, estoy convencida de que la rehabilitación dejará de ser una asignatura pendiente para convertirse en una auténtica palanca de modernización del país. Y eso beneficiará no solo al sector, sino a todos y a todas.

Los Fondos Next Generation han finalizado su período de ejecución para España en junio de 2026. ¿Cree que han cumplido su papel suficientemente? ¿Considera que serán necesarios otros estímulos para mantener el impulso que necesita el sector?
Los Fondos Next Generation han sido, sin duda, un paso importante y muy necesario. Han puesto la rehabilitación y la eficiencia energética en el centro de la conversación en de miles de hogares, han puesto a comunidades de vecinos a hablar de eficiencia, de confort, de futuro. Han hecho que muchas personas se plantearan mejorar su edificio cuando antes ni siquiera se lo imaginaban porque lo veían como algo inalcanzable o demasiado costoso.

Ahora bien, siendo honesta, creo que su impacto podría haber sido mayor. Digamos que es una sensación agridulce. La burocracia, los tiempos y la complejidad de los trámites han hecho que parte de ese potencial se quedara por el camino. Muchas buenas intenciones se han frenado por el miedo a equivocarse, por no entender el proceso o simplemente por agotamiento administrativo. De hecho, he visto demasiados proyectos ilusionantes quedarse en un cajón. He visto a familias perderse entre formularios, plazos imposibles y requisitos que parecían escritos en otro idioma. He visto a empresas pequeñas desbordadas por una burocracia que no suma valor, solo desgaste. Pasando de la ilusión inicial a cansancio y frustración. Incluso, yo en primera persona he vivido este agotamiento administrativo. Y en realidad, no ha faltado dinero, sino que ha faltado empatía en el diseño del sistema.

La rehabilitación no es una operación financiera, es una decisión vital: tocar la casa de alguien, sus ahorros, su tranquilidad. Y cuando el proceso se vuelve frío, complejo y distante, muchas personas simplemente se bajan del camino.

Por eso me cuesta creer que, cuando estos fondos terminen ahora en 2026, el sector pueda seguir avanzando solo con inercia. Esto no va de una ayuda puntual, va de un cambio cultural y estructural que necesita tiempo, coherencia y acompañamiento. La transformación del parque edificado no puede ni debe ser un “sprint”, es una carrera de fondo. No se construye en dos o tres ejercicios presupuestarios, sino con visión a largo plazo, coherencia y confianza. Y por supuesto, necesita continuidad. Necesitamos normas claras, incentivos estables, financiación sencilla y alguien al otro lado que explique, que escuche y que no haga sentir pequeño a quien solo quiere mejorar su hogar.

Si aprendemos de lo vivido, todavía estamos a tiempo de transformar esta experiencia en algo verdaderamente valioso. De pasar del parche a la política de verdad. Del impulso puntual al camino firme. Porque la rehabilitación energética no va de edificios, va de personas y cuando eso se olvida, ninguna inversión es ni será nunca suficiente.

El sector sigue adoleciendo de problemas como la falta de mano de obra, de talento femenino y de relevo generacional en las empresas. ¿Cómo se podría ayudar a cambiar esta situación?
Este es, quizá, el tema que más me preocupa… y también el que más me interpela a nivel personal. Porque detrás de la “falta de mano de obra” hay algo mucho más profundo: un sector que durante años no ha sabido mostrarse bien a sí mismo. No hemos sabido mostrar que aquí también se construyen carreras, que se lideran proyectos, que se innova, que se gana bien y que, además, se mejora la vida de las personas.

A muchos jóvenes nunca nadie les habló de este camino como una opción digna y atractiva. Y a muchas mujeres, directamente, nadie las invitó a entrar. Cambiar esto no se logra solo con campañas puntuales. Se logra empezando pronto, en los colegios y en la formación profesional, enseñando lo que realmente somos hoy: tecnología, sostenibilidad, digitalización e impacto real. Se logra mostrando rostros, historias, referentes. Personas normales que han encontrado aquí su lugar.

Como mujer, sé lo importante que es verse reflejada. Cuando una chica ve a otra mujer dirigiendo una empresa, una obra o un equipo técnico, algo se desbloquea por dentro: la idea de “esto también puede ser para mí”. La visibilidad no es un gesto simbólico, es una puerta abierta.

Y luego está el relevo generacional, tan delicado en muchas empresas familiares. No basta con heredar un negocio. Hay que acompañar, formar, dejar espacio para nuevas ideas sin despreciar lo construido. Además, pienso que también hacen falta mejores condiciones laborales, más conciliación, más estabilidad y más reconocimiento social. Nadie se queda donde no se siente respetado.

Dicho de otra manera, si queremos un sector con futuro, tenemos que hacerlo más humano, más diverso y más abierto. Un sector donde apetezca entrar… y quedarse. Porque el talento no se impone, se cuida. Debemos ser capaces de construir un sector más abierto, más diverso y más humano, no solo resolveremos un problema estructural, sino que ganaremos en innovación, en competitividad y en futuro. Y eso merece mucho la pena.

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