Jordi Bertran y Pedro Ferruz, socios y fundadores de 118 Studio
Breve perfil profesional.
118 Studio es un estudio de diseño e interiorismo con sedes en Barcelona y Girona, que cuenta con más de 20 años de experiencia en la creación y desarrollo de proyectos para espacios comerciales, oficinas, hoteles, restaurantes y arquitectura efímera. Su trabajo se caracteriza por un enfoque integral que combina creatividad, funcionalidad y una cuidada atención al detalle, dando lugar a experiencias espaciales coherentes y con identidad propia.
El estudio está formado por un equipo multidisciplinar que abarca interiorismo, diseño de producto, mobiliario a medida, diseño gráfico y producción, lo que le permite acompañar cada proyecto en todas sus fases, desde la idea inicial hasta su materialización final. Esta metodología garantiza un alto nivel de control sobre el proceso, así como una ejecución precisa y alineada con el concepto creativo.
Como complemento, 118 STUDIO WORKS actúa como la división constructora del estudio, especializada en la ejecución de obras en edificios catalogados, proyectos culturales y espacios singulares. Con más de 10 años de trayectoria, aporta capacidad técnica, agilidad y excelencia en la ejecución, manteniendo un firme compromiso con la sostenibilidad y la preservación del patrimonio.
La integración de diseño y construcción dentro de una misma estructura permite a 118 Studio ofrecer un servicio completo, optimizando tiempos y recursos, y asegurando la coherencia entre el concepto inicial y el resultado final.
¿En qué ha consistido la rehabilitación del nuevo Centre d’Art de Banyoles?
La intervención transforma dos edificios históricos contiguos —Cal Moliner (s. XIII) y Can Teixidor— en un único sistema espacial destinado a centro de arte contemporáneo, operando exclusivamente desde el interior y respetando íntegramente la volumetría y la imagen urbana de la Plaça Major de Banyoles.
El proyecto parte de una condición clave: no construir prácticamente nada “nuevo” en términos formales, sino reinterpretar, conectar y activar lo ya existente.
A nivel operativo, la actuación resuelve tres retos principales:
- Conexión funcional entre edificios históricamente independientes
- Adaptación a uso de pública concurrencia (museístico)
- Integración de un sistema patrimonial complejo (arquitectónico + arqueológico)
La intervención se desarrolla en las plantas baja y primera, generando un recorrido continuo de exposición que disuelve los límites originales entre fincas y construye una lectura unitaria del espacio.
Los desniveles existentes (de hasta 65 cm en planta baja) se resuelven mediante estrategias de transición suave, evitando gestos bruscos y reforzando la continuidad espacial.
El sistema de circulación vertical se concentra en Cal Moliner, aprovechando el ascensor existente, que actúa como núcleo logístico y accesible del conjunto.
¿Cuál es el principal desafío que se han encontrado a la hora de ejecutar el proyecto?
El principal reto ha sido trasladar a obra una propuesta arquitectónica desarrollada por Marc Riera y Frederic Cabré, que exigía un altísimo grado de precisión en la relación con lo existente, a un contexto constructivo real lleno de condicionantes.
La intervención se sitúa sobre dos edificios de origen medieval dentro de un entorno protegido, lo que implica trabajar con estructuras rígidas, geometrías no estandarizadas y una alta sensibilidad patrimonial. A nivel de ejecución, la complejidad ha estado en conectar ambos inmuebles —que nunca habían funcionado como una unidad—, absorber diferencias de cota significativas y resolver la accesibilidad sin alterar la lógica espacial original.
A ello se suma la presencia de un subsuelo con alta expectativa arqueológica, que ha obligado a plantear la obra como un proceso abierto, capaz de adaptarse en tiempo real a los hallazgos y condicionantes que iban apareciendo.
En el proyecto se han recuperado elementos originales del siglo XIII de los edificios Cal Moliner y Can Teixidor. ¿Cómo ha sido ese trabajo?
La intervención, definida a nivel de proyecto por Marc Riera y Frederic Cabré, plantea una relación basada en la superposición precisa más que en el contraste o el mimetismo.
Los elementos patrimoniales no se aíslan ni se museografían: se incorporan al proyecto como materia activa. Paramentos medievales, restos de arcadas o estructuras vinculadas al sistema hidráulico no se presentan como piezas a contemplar, sino como parte de la experiencia espacial.
La arquitectura contemporánea, por su parte, adopta una posición deliberadamente contenida. No busca protagonismo, sino establecer un marco que permita leer con claridad la complejidad histórica del edificio. Más que añadir, el proyecto ordena, conecta y hace legible.
El patio de Cal Moliner es uno de los espacios más singulares del proyecto. ¿Qué nos pueden decir al respecto?
La arqueología deja de ser una disciplina paralela para convertirse en una herramienta de proyecto.
Las intervenciones previas ya habían evidenciado la existencia de estructuras relevantes —canalizaciones del rec, pavimentos históricos, fábricas medievales— que sitúan el edificio dentro de una lógica territorial vinculada al agua.
Lejos de ocultarlas, el proyecto las incorpora como parte del relato arquitectónico, integrándolas en los espacios y en el recorrido del visitante. Esto implica asumir un cierto grado de incertidumbre: el proyecto no se impone sobre lo existente, sino que se va ajustando en función de lo que se descubre.
En este sentido, la obra se entiende como un proceso de investigación material, donde construir es también revelar.
¿Cuáles han sido los principales materiales utilizados en el proceso de rehabilitación?
El patio interior se redefine como un espacio estructurante, no residual.
La intervención recupera su condición original vinculada al sistema hidráulico, eliminando añadidos y poniendo en valor las trazas existentes —especialmente las relacionadas con el rec y las preexistencias en travertino—.
No se plantea una reconstrucción histórica, sino una relectura contemporánea que permite entender su funcionamiento sin necesidad de reproducirlo. El patio pasa a ser un espacio de transición, donde convergen materia, memoria y uso.
Funciona, además, como un dispositivo de mediación: entre interior y exterior, entre lo construido y lo geológico, entre el tiempo histórico y el presente.
Por último, imaginamos que la eficiencia energética también habrá cumplido un papel fundamental en el nuevo Centre d’Art de Banyoles, con aspectos clave como la iluminación, la climatización o el aislamiento.
El proyecto trasciende la escala del edificio para situarse en una lógica urbana.
Actúa sobre un fragmento especialmente sensible de la Plaça Major —históricamente centro de actividad económica y social— y lo reactiva desde la cultura, manteniendo su condición de espacio público relevante.
La transformación de estas edificaciones en centro de arte no es solo un cambio de uso, sino una relectura contemporánea del patrimonio: el edificio deja de ser un objeto por conservar para convertirse en una infraestructura activa.
En este sentido, el proyecto no solo preserva, sino que actualiza. Introduce nuevas dinámicas sin perder la memoria del lugar, reforzando la continuidad entre pasado y presente.
Más información sobre el proyecto: https://www.irehabitae.es/118-studio-works-recupera-y-conecta-historia-y-arte-en-el-nuevo-centre-dart-de-banyoles/


