Inmaculada Peiró, directora y secretaria general de Agremia
Durante demasiado tiempo, las empresas instaladoras y mantenedoras que representa Agremia —que desarrollan su actividad en el ámbito del gas, la calefacción, climatización, o el frío industrial, entre otras— han sido encasilladas en un cajón estadístico que entendemos, no les corresponde. Por pura inercia administrativa, siguen clasificadas dentro del grupo 43 del CNAE (Clasificación Nacional de Actividades Empresariales), correspondiente a la Construcción, en concreto en los epígrafes 4321 y 4322.
Lo preocupante, es que la inclusión de las empresas instaladoras y mantenedoras dentro del grupo de las empresas de construcción, no es solo una cuestión técnica o académica; tiene consecuencias prácticas y directas: afecta a su visibilidad institucional, a la posibilidad de acceder a determinadas ayudas públicas y a su capacidad para competir en igualdad de condiciones con otros sectores.
Si se analiza la actividad real de estas empresas, la contradicción es evidente. Las instaladoras y mantenedoras trabajan con equipos industriales, los integran en sistemas complejos y desarrollan tareas de alto contenido técnico: cálculo, diseño, soldadura, montaje, programación y puesta en marcha de instalaciones que legalmente tienen la consideración de “instalaciones industriales”.
Además, están sometidas a la normativa de Seguridad y Calidad Industrial, deben cumplir distintos reglamentos técnicos, están obligadas a inscribirse previamente al inicio de su actividad en el Registro Integrado Industrial de su Comunidad Autónoma, requieren habilitación empresarial y personal para ejercer su actividad y están sujetas al control y el poder sancionador de las autoridades competentes en materia de Industria.
¿Qué parte de todo esto se parece a oficios como la albañilería, la carpintería o la pintura? Ninguna. Y, sin embargo, administrativamente siguen compartiendo categoría con ellos dentro del sector de la construcción. Ahí nace lo que yo llamo la invisibilidad servindustrial: una realidad que existe, pero que no se reconoce.
Esta invisibilidad tiene consecuencias muy concretas. Quedarse fuera del paraguas industrial, implica no poder acceder a programas de modernización tecnológica, ayudas para digitalización, subvenciones para la adquisición o renovación de maquinaria avanzada o itinerarios de formación especializada. En un momento en el que a estas empresas se les exige más eficiencia, más innovación y más capacidad de adaptación, dejarlas fuera es incoherente e injusto.
En la práctica, esto significa por ejemplo que, cuando una Administración lanza ayudas o subvenciones de apoyo impulso a distintos sectores como la industria, los servicios, el comercio, etc., los CNAE 4321 y 4322 no aparecen en las bases de la convocatoria. Como resultado, las empresas que representa Agremia quedan sistemáticamente fuera de este tipo de ayudas dirigidas a empresas típicamente industriales, de servicios o de comercio, sin encajar en ningún marco claro.
Porque, además, el mundo ha cambiado. La transición energética, la descarbonización, la IA, la automatización de los edificios o la creciente complejidad técnica de las instalaciones, han puesto en el punto de mira el papel de quienes hacen posible que los sistemas funcionen. Es aquí donde el concepto de Servindustria cobra pleno sentido.
No es una moda ni un término artificial. Es simplemente poner nombre a una realidad que ya existía: empresas que no se limitan a instalar o mantener, sino que integran tecnología, aportan conocimiento técnico especializado y garantizan el funcionamiento continuo de sistemas esenciales para nuestra vida diaria, tanto en el ámbito residencial como en el terciario e industrial.
Desde Agremia, junto a APIEM y con el impulso y liderazgo de AECIM y CEIM, llevamos meses trabajando codo con codo con la Dirección General de Economía e Industria de la Comunidad de Madrid para que se reconozca formalmente el papel de la Servindustria. Este trabajo ha empezado a dar frutos con la reciente publicación de un informe elaborado por el Colegio de Ingenieros Industriales, AECIM, la Universidad Politécnica de Madrid, la EOI y CEIM.
En este documento se define por primera vez de forma clara el concepto de Servindustria, se identifican los CNAE que forman parte de esta denominación y se analizan sus implicaciones económicas e industriales. Entre ellos, los CNAE 4321 y 4322.
El próximo Plan de Industria de la Comunidad de Madrid, que se presentará en breve, ya incluirá a la Servindustria como parte del tejido industrial madrileño. Al mismo tiempo, seguiremos reclamando que, a nivel estatal y europeo, se revise la clasificación CNAE para que la Servindustria cuente con un epígrafe propio.
Este es solo un primer paso, pero es un paso muy importante. Puede parecer un gesto menor, un simple cambio de nombre. Pero no lo es. Porque lo que no se nombra, no existe.
Y lo que por fin se nombra, empieza a contar. Nuestro sector lleva demasiado tiempo esperando ser contado.


